Eran unos frescos los de Pompeya. La ciudad de la Antigua Roma que fue arrasada en una explosión del Vesubio en el año 79 después de Cristo, y que hoy en día cuenta con 25.751 habitantes, formando parte de la Provincia de Nápoles, ha dejado para la posteridad un coqueto lupanar, que han restaurado sabiamente hace poco.

Y digo sabiamente porque no se me ocurre forma mejor de convencer a la gente de que es mucho mejor hacer el amor que la guerra. ¿Que mejor manera puede hacer si no es mostrando como se lo pasaban en el siglo I? Cuando se habla de la profesión más antigua del mundo se está pensando realmente en la prehistoria, mucho tiempo antes de los romanos, pero no es mala referencia, la sofisticación de hace veinte siglos ya era suficiente para tener un burdel con habitaciones con una cama, un fresco erótico (los frescos de Pompeya, como digo) y un aseo común. Todo muy coqueto, es de suponer.

No solamente hay frescos en las habitaciones, todo el interior del edificio está plagado de los mismos, se supone que porque hacían la labor de catálogo sexual para el cliente. Pero es que además en su fachada se pueden ver claros símbolos fálicos labrados en piedra. La restauración del lupanar (que viene de la palabra en latín “lupa”, es decir “loba”, que es como se conocía en Roma a las prostitutas) fue realizada durante un año por iniciativa del patrimonio artístico italiano y se encuentra en el complejo arqueológico de Pompeya. Su existencia delata el pasado libertino de la ciudad y lo hace de forma muy explícita, lo cual ha provocado una expectación traducida en miles de visitas desde el mes de octubre pasado.


Lupanar de Pompeya
Lupanar de Pompeya Lupanar de Pompeya

El burdel, de dos plantas, cuenta con 10 habitaciones, cinco por planta más una letrina. El piso superior, mejor decorado, era reservado para los clientes más pudientes. Las camas de piedra estaban cubiertas con colchones de paja y cada habitación contaba con un fresco erótico y

nombres labrados en sus paredes (posiblemente de las prostitutas y sus clientes). Estaba céntricamente situado cerca del foro y del mercado.

Pietro Giovanni Guzzo, director arqueológico en Pompeya, afirma que:

Este es el único edificio que albergaba a dicha profesión. La leyenda de que Pompeya era una ciudad lasciva es verdad y no es verdad. Contaba con amplias oportunidades para las relaciones sexuales, pero en el sentido técnico la prostitución estaba confinada a un solo lugar.

No hay nada nuevo bajo el sol. Putas, gráficos eróticos, imágenes que erotizan, camas, colchones, paja (en el colchón), clientes pudientes y modestos. No hemos avanzado tanto. En algunas cosas, al menos.

si queres ver más imagenes de los frescos

Fuentes:
www.culturaclasica.com
blog.lagateradigital.com
google
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